El mejor regalo para tus hijos: No los hagas responsables de tu mundo emocional

El mejor regalo para tus hijos: No los hagas responsables de tu mundo emocional

Al estudiar el desarrollo infantil te das cuenta que los niños han carecido de valor en nuestra sociedad desde hace muchos milenios. En la prehistoria era absolutamente normal el infanticidio, el sacrificio ritual de niños e incluso el filicidio (asesinato de un hijo por parte de su propio progenitor). De hecho, en la época babilónica era absolutamente normal vender niños y aún en la Edad Media era legal el infanticidio de hijas legitimas.

¿Saben qué es lo más impresionante? Que solo hasta hace 61 años tuvimos la declaración de los derechos del niño ¿No es increíble pensar que hasta hace muy pero muy poco los niños carecían de derechos? ¡Qué locura!

Pero más locura aún el darse cuenta que hoy en día los niños siguen siendo víctimas del maltrato y en este artículo hablaré del maltrato más sutil: del maltrato emocional. Creemos que los hijos nos pertenecen, los hacemos nuestros objetos de satisfacción. Si mamá se siente sola porque papá ha salido de viaje nos llevamos a la cama al niño y cuando papá regresa lo sacamos del cuarto porque ya no lo necesitamos. Se vuelven una ficha a mover según la conveniencia de los padres. Importan más las necesidades del adulto que las del niño: “necesito dormir así que toma tu tetero de mil onzas para que nos dejes descansar” sin siquiera preguntarnos por el daño que estamos haciendo.

Los bebés, los niños, los hijos no son objeto de satisfacción de nadie. No nacieron para hacerte feliz, ni para curarte la depresión, ni mucho menos para entretenerte. Nacieron para ser libres, para construir su propia vida. Pero acaso ¿es fácil crecer cargando el lastre de la vida emocional de los padres? ¡Estoy triste porque no me has visitado! ¡La mamá está en depresión porque ya no hablas con ella!

¿En qué momento los hijos se volvieron responsables de la vida emocional de los padres? ¡Basta! ¡Sé un adulto! ¡Hazte cargo de ti! Estás triste: busca ayuda. Estás solo, busca compañía. Estás enojado: tramita tu rabia sin involucrar a tus hijos. Demuestra con tu ejemplo lo que significa ser adulto: ser dueño y amo de uno mismo. Sal de este comportamiento tan pero tan infantil de convertirte en la víctima de tus hijos ¡Crece! ¡Hazte cargo de ti y libera a tus hijos!

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